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Mostrando las entradas de agosto, 2014

¿Pensar con honestidad te aleja de Dios?

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Abstracto Existe una narrativa que la cultura secular se cuenta a sí misma: que el pensamiento profundo fue lo que alejó a las personas inteligentes de la religión, y que cualquiera que razone con suficiente rigor acabará llegando al ateísmo materialista o al agnosticismo. Este artículo cuestiona dicha narrativa. Analizando las afirmaciones centrales del materialismo filosófico —a saber, que la materia es todo lo que existe, que la ciencia es el único camino legítimo hacia el conocimiento y que la moralidad es una invención humana—, este texto argumenta que cada una de estas afirmaciones se derrumba bajo el peso de su propia lógica. El Dios del teísmo bíblico no es una negación de la razón. Es aquello hacia lo que la razón, practicada con integridad, tiende. Y la incapacidad de la iglesia contemporánea para defender esto no es solo un problema apologético: es una amenaza filosófica. Introducción:  Todos poseemos una filosofía. La mayoría de la gente simplemente no ha examinado la s...

Relación y Comunión

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Este estudio es algo similar al anterior acerca de la posición y de la práctica. Pero la  diferencia es lo suficientemente importante como para que le dediquemos un capítulo aparte. Cuando una persona nace de nuevo se forma una nueva relación: viene a ser un hijo de Dios. Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios (Jn. 1:12). Amados, ahora somos hijos de Dios, y aun no se ha manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos que cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque le veremos tal como él es (1 Jn. 3:2). Hay algo que es definitivo acerca de un nacimiento. ¿Has pensado alguna vez acerca de esto? Una vez que ha habido un nacimiento permanece para siempre. No puedes ir atrás y deshacerlo. Se forma una relación que no puede ser alterada. Digamos, por ejemplo, que los García acaban de tener un hijo. No importa lo que suceda, aquel niño será s...

Posición y Páctica

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No hay otra clave más útil para la comprensión del Nuevo Testamento que el entendimiento de la diferencia entre la posición y la condición del creyente. Si no se ve esta distinción, habrá momentos en que se hallarán pasajes que parecerán realmente problemáticos e incluso aparentemente contradictorios. Brevemente, la posición del cristiano es la posición que tiene en Cristo: Lo que él es en Cristo. Su condición, o estado, o práctica, es lo que él es en sí mismo; o mejor dicho, lo que debiera ser. El primer concepto tiene que ver con la doctrina. El segundo, con su deber. Existe una diferencia entre lo que el creyente es en Cristo y lo que es en sí mismo.  La gracia ha dado al hombre en Cristo una posición absolutamente perfecta delante de Dios.  Nosotros somos aceptos en el Amado (Ef. 1 :6), y completos en Cristo (Col. 2: 10).  Nuestros pecados han sido perdonados y estamos revestidos de toda la justicia de Dios (2 C...