¿Pensar con honestidad te aleja de Dios?

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Abstracto Existe una narrativa que la cultura secular se cuenta a sí misma: que el pensamiento profundo fue lo que alejó a las personas inteligentes de la religión, y que cualquiera que razone con suficiente rigor acabará llegando al ateísmo materialista o al agnosticismo. Este artículo cuestiona dicha narrativa. Analizando las afirmaciones centrales del materialismo filosófico —a saber, que la materia es todo lo que existe, que la ciencia es el único camino legítimo hacia el conocimiento y que la moralidad es una invención humana—, este texto argumenta que cada una de estas afirmaciones se derrumba bajo el peso de su propia lógica. El Dios del teísmo bíblico no es una negación de la razón. Es aquello hacia lo que la razón, practicada con integridad, tiende. Y la incapacidad de la iglesia contemporánea para defender esto no es solo un problema apologético: es una amenaza filosófica. Introducción:  Todos poseemos una filosofía. La mayoría de la gente simplemente no ha examinado la s...

“¿No hay verdades absolutas?” – El argumento que se derrumba solo

 


“No hay verdades absolutas”.
Una frase repetida con convicción en cafés, universidades, y redes sociales. Suena moderna, tolerante, hasta sabia. Pero… ¿es verdad?

En realidad, esta afirmación se autodestruye. Porque decir “no hay verdades absolutas” es, en sí misma, una afirmación absoluta.
Es como declarar:

“Es absolutamente cierto que no hay nada absolutamente cierto.”

Eso es una contradicción lógica.
Si fuera cierta, sería falsa.
Y si es falsa, no tiene peso real.

Más que un argumento razonado, esta idea suele ser una defensa emocional, una manera de evitar rendirse ante una Verdad que nos trasciende.
No es solo filosofía; es el corazón diciendo:

“No quiero que nadie, ni siquiera Dios, me diga qué es verdad.”

Pero si no hay verdad absoluta, entonces tampoco hay:
– Justicia absoluta.
– Amor verdadero.
– Propósito último.
Todo se convierte en opinión.
Todo se diluye.

Por eso Jesús no vino a ofrecer una verdad más.
Dijo:

“Yo soy la Verdad.” (Juan 14:6)

No una idea, sino una Persona viva.
No una opción, sino el origen de todo lo que es verdadero, bello y eterno.

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