No fueron nuestras lágrimas. Fue su sacrificio.
Redescubriendo el perdón más allá del yo.
En muchos círculos, nos han enseñado a confesar, a arrepentirnos, a creer. Y todo eso es bueno.
Pero algo se puede torcer sin que a veces lo notemos.
En algún punto del camino, empezamos a pensar que el perdón de Dios es
- una reacción,
- una respuesta divina a lo que NOSOTROS hacemos.
Repetimos con sinceridad: “Me arrepentí,
entonces Dios me perdonó”.
Pero nos hemos han olvidado o no prestamos atención al orden eterno. La cruz no es una consecuencia de su arrepentimiento.
Su arrepentimiento es una consecuencia de la cruz.
Dios no los perdonó porque se arrepintieron.
Se arrepintieron porque Dios los perdonó en Cristo.
La medicina no sana porque nosotros describimos bien nuestro dolor. Sana porque la medicina es eficaz.
Jesús no vino a darnos una oportunidad de salvación, sino a salvarnos.
No esperó nuestra honestidad para empezar a amarnos.
Nos amó primero 1 Juan 4:19-21.
Y su amor no fue un sentimiento:
fue un sacrificio aceptado eficaz y perfecto.
Esto es lo que olvidamos, o nos distraemos cuando - Ponemos nuestra fe en nuestra fe en su fe, o
- Cuando convierten la confesión en el centro del mensaje.
- Nuestra fe no murió por nosotros.
- Nuestra confesión no fue clavada.
- Nuestro arrepentimiento no llevó la corona de espinas.
Jesús sí.
Como dice Pablo,“Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo,
no tomándoles en cuenta a los hombres sus pecados”.2 Cor 5:19
- No dice que Dios los reconciló después de que creyeron.
- Dice que ya lo hizo.
- Lo que ahora pide es que acepten esa reconciliación.
- Que no reciban la gracia en vano.
- Que no la rehúsen en nombre de su esfuerzo.
Cuando Juan declara que
“en esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios,
sino en que Él nos amó a nosotros” 1 Juan 4:10
- está arrancando de raíz toda espiritualidad centrada en el mérito.
- No fue su amor lo que activó la salvación.
- Fue su necesidad lo que activó la compasión del Cordero.
Y si alguien todavía duda, que escuche a Pablo en Romanos:
“Si cuando éramos enemigos,
fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo…” Rom 5:10
- No eramos discípulos.
- No eramos amigos.
- No eramos creyentes.
Eramos ENEMIGOS.
Y aun así, fueron reconciliados.
Por eso, su esperanza no está - En la intensidad de nuestro arrepentimiento,
- Ni en la perfección de nuestra fe,
- Ni en la honestidad absoluta de nuestra confesión.
Está en Jesús. Y solo en Jesús.
El sacrificio de Cristo no solo cubre nuestros pecados, sino también - Nuestra fe vacilante,
- Nuestro arrepentimiento tibio y
- Nuestra confesión entrecortada.
Él lo hizo todo.
No fueron nuestras lágrimas.
Fue su sacrificio.
Y eso basta
PD: Cambiemos nuestra imagen interna para que Jesús sea El-Centro de todo nuestro universo y no seamos como El Pavo Real desplegando sus plumas para ser visto, admirado y deseado...
si no cambiamos puede que se nos de etiqueta...
con amor y sentido común meditemoslo..
Comentarios
Publicar un comentario