¿Pensar con honestidad te aleja de Dios?

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Abstracto Existe una narrativa que la cultura secular se cuenta a sí misma: que el pensamiento profundo fue lo que alejó a las personas inteligentes de la religión, y que cualquiera que razone con suficiente rigor acabará llegando al ateísmo materialista o al agnosticismo. Este artículo cuestiona dicha narrativa. Analizando las afirmaciones centrales del materialismo filosófico —a saber, que la materia es todo lo que existe, que la ciencia es el único camino legítimo hacia el conocimiento y que la moralidad es una invención humana—, este texto argumenta que cada una de estas afirmaciones se derrumba bajo el peso de su propia lógica. El Dios del teísmo bíblico no es una negación de la razón. Es aquello hacia lo que la razón, practicada con integridad, tiende. Y la incapacidad de la iglesia contemporánea para defender esto no es solo un problema apologético: es una amenaza filosófica. Introducción:  Todos poseemos una filosofía. La mayoría de la gente simplemente no ha examinado la s...

Las buenas noticias en primera persona... 3ª entrega

Has sufrido una enfermedad implacable durante doce largos años. 
La enfermedad ha destruido tu vida. 
Durante doce años no has experimentado ningún afecto humano. 
Ni de amigos o familiares. 
Volvés impuro todo lo que tocás. 
No sos digna de ser abrazada. 
Pero peor aún, la enfermedad que llevás en tu cuerpo es incurable. 
Has gastado tus ahorros de toda la vida en médicos, y ninguno de ellos te ha ayudado. 
Has perdido la esperanza. 

Un día, escuchas que un joven profeta ha venido a tu ciudad. 
Y es conocido por sanar milagrosamente a las personas, incluso casos imposibles. 
Corrés a las calles para encontrar a este profeta. 
No puedes verlo, pero ves una gran multitud. 
Alguien te dice: "¡El profeta de Nazaret está en la multitud!" 

Arriesgándolo todo, tu desesperación te impulsa a empujarte con la gente de la multitud, sabiendo muy bien que los está haciendo ceremonialmente impuros a todos. 
Pero dados los informes que has escuchado acerca de este profeta que obra milagros, estás convencida de que, con solo tocar Su prenda, serás sanada. 
Con sigilo, presionas a través de la multitud y caés al suelo, desde esa posición, alcanzás la prenda del profeta de Nazaret. 
Al instante, se detiene y le pregunta a la multitud: "¿Quién me tocó?" 
Estás horrorizada. 
Aquí estás, una mujer impura que toca a un hombre santo y, por lo tanto, también lo deja inmundo. 
Pero, sigue preguntando. 
Y la presión aumenta. 
Finalmente, confesás que fuiste vos quien lo tocó… 

Para tu sorpresa, no te reprende. 
Al contrario, Él elogia públicamente tu fe e incluso te llama "Hija", una palabra que no se te ha dicho desde tu enfermedad. 
La multitud se regocija y aplaude. 
Después de doce horrendos años, puedes volver a conocer el toque de otro humano. 
Se ha restaurado tu vida y se ha eliminado tu vergüenza y dolor. 
Él te tocó y te sanó, incluso cuando estabas inmunda. 

Ahora, ¡que extraordinario, ese profeta! ¿no es así? 
Yo puedo amar a un profeta así.
¿Vos podrías amar a un profeta así?
Su nombre es Jesús, algunos lo mal interpretan, pero él y sigue siendo el mismo de ese día, no ha cambiado, y esta historia la podés encontrar en el capítulo 8 del evangelio, de Lucas


Idea tomada de "Insuergence" Frank Viola

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