¿Pensar con honestidad te aleja de Dios?

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Abstracto Existe una narrativa que la cultura secular se cuenta a sí misma: que el pensamiento profundo fue lo que alejó a las personas inteligentes de la religión, y que cualquiera que razone con suficiente rigor acabará llegando al ateísmo materialista o al agnosticismo. Este artículo cuestiona dicha narrativa. Analizando las afirmaciones centrales del materialismo filosófico —a saber, que la materia es todo lo que existe, que la ciencia es el único camino legítimo hacia el conocimiento y que la moralidad es una invención humana—, este texto argumenta que cada una de estas afirmaciones se derrumba bajo el peso de su propia lógica. El Dios del teísmo bíblico no es una negación de la razón. Es aquello hacia lo que la razón, practicada con integridad, tiende. Y la incapacidad de la iglesia contemporánea para defender esto no es solo un problema apologético: es una amenaza filosófica. Introducción:  Todos poseemos una filosofía. La mayoría de la gente simplemente no ha examinado la s...

Romanos 8:1




Romanos 8:1, Reina-Valera, 1602, traduciendo el «Receptus», presenta:
«Ahora pues, ninguna condenación hay
para los que están en Cristo Jesús,
los que no andan conforme a la carne, mas conforme al espíritu.»

Las versiones Hispanoamericana y Moderna, siguiendo mejores textos, directamente del hebreo suprimen
«los que no andan, etc.».

Por el testimonio de dichos textos, parece ser que algún copista equivocadamente dejó pasar su ojo al final del versículo 4, donde la frase está en su sitio, y la metió indebidamente al final de la gran declaración del versículo 1.

Aquí el texto correcto nos ayuda a comprender la doctrina del pasaje, pues nuestra libertad de la condenación surge de nuestra posición en Cristo, y NO de nuestro andar,  mientras que la manifestación de la justicia de Dios en la vida del creyente, que es el tema del versículo 4,  sí que depende de que andemos conforme al Espíritu y no conforme a la carne.

Romanos 8:1-4 
NO hay pues ahora condenación alguna para los que están en Cristo Jesús.
2  Porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús
me ha libertado de la ley del pecado y de la muerte.
3  Pues lo que no pudo la ley, según estaba debilitada por medio de la carne, lo hizo Dios,
el cual, envió a su Hijo en semejanza de nuestra carne pecaminosa,
y como ofrenda por el pecado, condenó el pecado en la carne de Él:
4  para que la justicia que requiere la ley fuese cumplida en nosotros,
los que no andamos según la carne, sino según el espíritu.

Ernesto Trenchard

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