Entonces su condición experimental se conformará a su posición legal ante Dios. Él o ella será completamente justo además de haber sido declarado justo. Dios nos quitará la naturaleza pecaminosa y conformará nuestra vida completamente a su voluntad (8:29).
Simplemente probó que él murió (1 Co. 15:3, 4).
Probó que la muerte no pudo retenerlo porque él fue sin pecado (cf. Hch. 2:24).
Dios no solamente levantó a Jesucristo sino que les impartió nueva vida a los creyentes.
Caminar en novedad de vida muestra que el creyente ha recibido nueva vida (cf. 2 Co. 5:17).
“Gloria” en el versículo 4 tiene poder a la vista (cf. Jn. 11:40).
6:5
En vista de lo que sigue, Pablo quiso decir resurrección física.
Él hablaba de la resurrección del cuerpo en fecha futura en vez de la resurrección del creyente a un nuevo tipo de vida con Cristo (cf. Ef. 2:6; Col. 2:12; 3:1).
Esto es paralelo a lo que dijo en el contexto acerca de nuestra muerte.
6:6
Así como pecamos con Adán, morimos con Cristo (cf. Gá. 2:20).
Pablo dice que es importante que “sepamos” esto porque es crucial que como creyentes entendamos nuestra relación con el pecado.
Esa persona fue crucificada con Cristo (cf. Col. 3:9).
Sin embargo, podemos adoptar las viejas características si escogemos hacerlo así (cf. Ef. 4:22).
El creyente no es la misma persona que era antes de la justificación (cf. 2 Co. 5:17).
El viejo hombre no es lo mismo que la vieja naturaleza.
La vieja naturaleza se refiere a nuestra naturaleza pecaminosa que cada ser humano posee mientras viva.
La vieja naturaleza es la misma que el cuerpo (la carne) (cf. 7:5).
“‘La carne’, que es el pecado atrincherado en el ‘cuerpo’, es la inmutable maldad, y peleará en contra de nosotros hasta que Cristo vuelva.
Solamente el Espíritu Santo tiene poder sobre ‘el cuerpo’ (la carne) (cap. 8.1)”.
Ya no soy la misma persona que era antes de la justificación debido a que el pecado ya no puede dominarme, pero todavía tengo una naturaleza humana.
“Ya no somos más lo que éramos ‘en Adán’; pero, hasta
que lleguemos al cielo, la tentación de vivir en Adán
siempre permanece”.
Nuestro “cuerpo del pecado” no es lo mismo que un cuerpo pecaminoso ya que el cuerpo en sí mismo no es pecaminoso (cf. Mr. 7:21-23).
Probablemente el cuerpo en esta expresión representa a toda la persona (cf. vv. 12, 13).
Expresamos nuestra pecaminosidad a través del cuerpo.
El resultado de nuestra crucifixión con Cristo fue que el cuerpo ya no necesita más ser un instrumento que usamos para pecar ya que no somos más esclavos del pecado.
6:7
La muerte termina todas las demandas.
Pablo ilustra este punto en el versículo 6 refiriéndose a esta verdad general.
Una vez que una persona ha muerto no tiene más obligaciones terrenales.
Debido a nuestra muerte con Cristo no tenemos más obligación de responder a los dictados de nuestra
naturaleza pecaminosa.
Podemos escoger hacerlo, pero no tenemos que hacerlo, y no debemos hacerlo (cf. Ef. 4:22-32).
Este versículo no quiere decir que el poder de los hábitos pecaminosos o las influencias dejarán de molestar a la persona cuando ésta se hace cristiana.
Significa que el cristiano ya no está bajo la esclavitud del pecado bajo la que antes vivía.
Los sentidos nos crean aquí un problema.
La persona no salva puede pensar que no es esclava del pecado cuando realmente sí lo es.
A la inversa, el cristiano puede pensar que es esclavo del pecado aunque no lo es.
El hecho permanece: Dios ha roto la cadena que una vez nos obligó al pecado, y felizmente estamos libres de su dominio. Desafortunadamente no estamos libres de toda su seducción hasta que seamos glorificados.
La traducción “exonerado del pecado” es legítima pero tal vez engañosa.
Implica una relación forense con el pecado, pero en esta sección Pablo habla de nuestra relación con el pecado en el diario vivir (santificación práctica, no justificación).
6:8
“Si” podría ser “ya que” (condición de primera clase en griego que en este caso representa una condición genuinamente verdadera a la realidad).
Los creyentes han muerto con Cristo.
Pablo ahora se aparta del debate sobre el efecto que nuestra unión con Cristo tiene en nuestro problema con el pecado (vv. 6,7).
Pasa a explicar el efecto que nuestra unión con él tiene en nuestro problema con la muerte.
La muerte es el resultado del pecado. Aquí, está a la vista la resurrección física como se deduce del uso del tiempo gramatical futuro (cf. 1 Co. 15:54-57).
6:9
La muerte no retiene a Jesucristo, nuestro representante.
Tampoco puede retener al creyente.
Además ni él ni nosotros moriremos una segunda vez.
Nunca más estaremos bajo la lucha poderosa de la esclavitud del pecado.
6:10
Jesucristo nunca más tendrá que morir porque cuando murió por el pecado murió para el pecado.
Esto significa que cuando él murió, su relación con el pecado cambió.
Nunca más fue lo mismo.
El pecado ya no tiene poder sobre él.
Después de que él pagó por nuestros pecados, quedó libre para reanudar su íntima relación con Dios para siempre.
6:11
Debido a que Dios nos ha unido a Cristo, debemos “considerarnos” como aquellos que ya no están más bajo la dominante influencia del pecado.
“”Consideraos” es un verbo que está en presente imperativo en el texto griego y así indica que nosotros debemos definitiva y constantemente vernos a nosotros mismos de esa manera.
Debemos darnos cuenta que somos libres de disfrutar para siempre de nuestra nueva relación con Dios.
Pablo anteriormente enfatizó la importancia de saber ciertos hechos (vv. 3, 6, 9).
Ahora dice que debemos tomarlos como verdad.
No solamente debemos entenderlos sino creerlos.
Él usa aquí la misma palabra griega (logisthesetai) como lo hizo en su explicación de la justificación (2:26; 4:3, 4, 5, 6, 8, 9, 10, 11, 22, 23, 24).
Dios registró la justicia en la cuenta del creyente.
De la misma manera, nosotros registramos como verdad que nuestra relación con el pecado y la muerte ha cambiado.
Solamente si lo hacemos podremos relacionarnos con la tentación, el pecado y la muerte en forma realista.
Si fallamos al creer que el pecado ya no nos domina, seremos mucho más vulnerables a ceder a la tentación, a practicar el pecado y a temer la muerte.
Sin embargo, si creemos que el pecado ya no tiene poder, seremos más aptos para resistir la tentación, para estar limpios de pecado y para anticipar la muerte menos temerosamente.
“Consideraos” está en el texto griego en tiempo presente, e indica así que necesitamos mantener una vista realista de nuestra relación con el pecado (es decir “tenerlo en consideración”).
“La palabra considerar es una palabra para fe –a la luz de las apariencias–”191.
6:12
Pablo expuso la realidad y las implicaciones de la unión del creyente con Cristo en su muerte, sepultura y resurrección (vv. 1-10).
También urgió a sus lectores, por lo tanto, a considerarse muertos al pecado y vivos para Dios (v. 11). Ahora procede a llamarlos a presentarse ante Dios en un acto determinado de autodedicación (vv. 12-23).
“Pues” lleva a la conclusión con base a lo precedido.
Debido a que los creyentes sabemos que ya no somos objetos del dominio del pecado, y ya que creemos que eso es verdad, no debemos permitir más que el pecado reine en nuestros cuerpos (en nosotros).
El pecado ya no es más nuestro dueño, así que debemos parar de cumplir sus órdenes.
Cuando la tentación aparece, no tenemos que ceder.
“… ‘concupiscencias’ no incluye solamente la lujuria y los apetitos físicos sino además aquellos deseos que residen en la mente y en la voluntad: el deseo de hacer las cosas a nuestra manera, el deseo de poseer lo que otros tienen (cf. 7:7, 8), el deseo de dominar sobre otros”.
6:13
En particular, no debemos usar nuestras habilidades naturales para cometer pecado.
Positivamente, debemos “presentarnos” u “ofrecernos” a Dios como sus instrumentos para llevar a cabo su voluntad (cf. 12:1).
El creyente tiene una escogencia. Podemos presentarnos al pecado o a Dios (cf. Ef. 4:17-32).
El incrédulo solamente tiene esta escogencia hasta cierto límite ya que es esclavo del pecado.
“Algunos comentaristas piensan que Pablo… considera este ‘presenteis’ como ‘de una y por todas’, o como de una vez (comenzar presentándose) o como algo urgente.
Pero el tiempo aoristo en sí mismo no indica tal matiz y nada en el contexto aquí sugiere claramente nada de esto.
De hecho, el imperativo aoristo a menudo carece de fuerza específica, y se usa simplemente como un mandato de una acción que toma lugar –sin consideración de la duración, urgencia o frecuencia de la acción.
Este es probablemente el caso aquí. Sin embargo, debemos dar por sentado que, así como el negativo ni tampoco presentéis… al pecado es necesario constantemente, el positivo presentaos en servicio a Dios es nuestra regla correcta”
“En el momento en que lleguemos a la exhortación, tenemos que hacerlo con la voluntad; aunque creer es un asunto del corazón: ‘El hombre cree con el corazón’”.
“La primera instrucción de Pablo (‘saber) se centra en la mente, y esta segunda instrucción (‘considerar’) se enfoca en el corazón. Su tercera instrucción toca la voluntad”.
Algunos intérpretes reformados creen que la santificación progresiva es automática.
Creen que Dios automáticamente transforma a cada cristiano verdadero a la imagen de Cristo durante su vida presente.
Si esta transformación no es obvia, entonces la persona que profesa ser cristiana no debe de serlo.
Yo respondería que puede que no lo sea, pero hay otra posibilidad.
“¿Se le está permitiendo al Espíritu Santo transformar tu vida?
“Hay sólo dos posibles respuestas: sí o no. Si tu respuesta es no, hay dos posibles razones: sea que no tengas al Espíritu Santo dentro de ti (es decir, no eres cristiano). O que él esté ahí pero prefieras vivir por tu cuenta”.
“¿Por qué el Señor quiere tu cuerpo?
Para comenzar, el cuerpo del creyente es el templo de Dios, y él quiere usarlo para su gloria (1 Co. 6:19, 20; Fil. 1:20, 21).
Pero Pablo escribió que el cuerpo es también una herramienta de Dios y un arma de Dios (Ro. 6:13). Dios quiere usar los miembros del cuerpo como herramientas para edificar su reino y las armas para pelear en contra de sus enemigos”
6:14
El apóstol concluye esta sección de su argumento con una palabra de ánimo.
El pecado ya no se enseñorea del creyente.
La razón básica para esto es que ya no estamos bajo la ley mosaica como la autoridad bajo la cual vivimos sino bajo la gracia.
Satanás ya no puede usar la ley para impedir el progreso del creyente (cf. 3:23).
Dios nos ha redimido, no por la ley sino por la gracia.
Ahora vivimos bajo esa autoridad.
En el capítulo 7, Pablo trata con la tensión que esta situación le crea al creyente.
Por lo general, gracia se refiere al principio por el cual Dios opera.
Sin embargo, también describe la esfera en la cual el creyente vive (cf. 5:2), como la ley describe el antiguo reino.
Bajo la gracia no es, sin embargo, una condición en la cual somos libres de responsabilidad (cf. Mt. 11:28- 30; Tit. 2:11, 12), como Pablo procede a aclarar en los versículos 15-23.
“Romanos 6 es el clásico texto bíblico sobre la importancia de
relacionar el ‘indicativo’ de lo que Dios ha hecho por nosotros
con el ‘imperativo’ de lo que nosotros hemos de hacer.
Pablo enfatiza que debemos actualizar en nuestra experiencia diaria la libertad del señorío del pecado (cf. v. 14a) que está en nosotros ‘en Jesucristo’”.
2. Esclavitud de la justicia 6:15-23
En la primera parte de este capítulo, Pablo explica que Cristo ha roto los lazos que esclavizan al cristiano (vv. 1-14).
En la segunda parte, advierte que aunque somos libres podemos volvernos esclavos del pecado cediendo a la tentación (vv. 15-23; cf. Jn. 8:34).
Preferentemente debemos voluntariamente rendirnos como esclavos de la justicia.
“Tres palabras resumen las razones para rendirnos: favor (Ro. 6:14, 15), libertad (Ro. 6:16-20), y fruto (Ro. 6:21-23)”.
6:15
La pregunta de Pablo aquí no es una repetición del versículo 1.
Ahí, él preguntó: “¿Perseveraremos en el pecado?”.
Aquí dice: “¿Pecaremos?”.
En el primero, analizaba la continuidad del pecado.
Aquí, trata con actos específicos de pecado.
Un estilo de vida pecaminoso y actos de pecado son inapropiados para el creyente que vive bajo la bondadosa autoridad de Dios.
6:16
Luego de presentarse ante Dios en dedicación (v. 13) el creyente necesita obedecerlo.
La obligación siempre sigue a la dedicación ya sea que la obligación sea al pecado o a la obediencia.
El resultado de la dedicación al pecado es la muerte (5:12; 8:13), pero el resultado de la dedicación a la obediencia es la justicia.
“Mucha gente que ha sido convicta de la culpa del pecado
y ha confiado en la sangre vertida de Cristo
que quita el pecado no ha visto todavía,
sin embargo, el estado del pecado como objeto de esclavitud”.
6:17
La forma de enseñanza que Pablo tenía en mente era la enseñanza que el Señor Jesús dio durante su ministerio terrenal y luego a través de sus apóstoles (cf. Gá. 6:2) en contraste con la ley mosaica.
Dios no forzó a los lectores de Pablo a ceder a ella como a la ley.
Ellos la habían abrazado voluntariamente como la ley para sí mismos.
Se habían entregado de corazón.
Pablo no estaba enfatizando el hecho que el Señor les había confiado su enseñanza a sus lectores, sino que ellos se habían entregado a sí mismos a ella.
6:18
La esclavitud de los lectores a la justicia fue por lo tanto voluntaria.
Parece que por su propia naturaleza, el hombre debe ser esclavo de algo.
“Justicia” aquí es el resultado de seguir la enseñanza de Cristo, y es el equivalente de un vivir santo.
Lo justo es carácter y conducta.
Pablo no dice que cada creyente tome ventaja de su libertad de la soberanía del pecado y se vuelva esclavo de Dios.
Dice que sus lectores lo hicieron así, y en eso se regocijaba.
La dedicación a Dios es voluntaria, no automática para el cristiano (cf. v. 13; 12:1).
Si el creyente no se dedica verdaderamente a Dios, continuará practicando el pecado (v. 16).
6:19
Pablo pone su enseñanza en términos humanos.
Había comparado la situación del creyente con la de una persona libre por un lado y esclava por el otro. Hace esto para ayudar a sus lectores a entender su punto pero evidentemente también para hacer un gran impacto en ellos.
Pablo se siente compelido a ser muy gráfico y directo en vista del pasado de ellos.
Ellos deliberadamente habían cedido al pecado.
Ahora necesitaban deliberadamente presentarse (ofrecerse) a sí mismos como esclavos de Dios (cf. vv. 13, 16).
Esto resultaría en su progresiva santificación.
Note de nuevo que la santificación progresiva no es totalmente pasiva ni automática.
Requiere de alguna acción humana.
“… lo que más seriamente podemos afirmar es que no solamente Pablo aquí, sino nuestro mismo Señor, y la Escritura en general, expone que solamente aquellos que conocen la verdad y caminan en ella son libres”.
6:20
Como un incentivo añadido, Pablo les recuerda a sus lectores que cuando en el pasado ellos escogieron la opción de la esclavitud del pecado no ganaron ninguna (moral) justicia.
No se volvieron más justos en su conducta.
Lo que Pablo dice se aplica por igual a la experiencia de antes y después de la conversión de ellos.
6:21
Sus lectores no cosecharon ningún fruto de su esclavitud al pecado.
Vergüenza fue su resultado inmediato y muerte fue su fruto final.
6:22
En contraste, fueron liberados de la tiranía del pecado debido a su unión con Cristo.
Si se presentaban a sí mismos como esclavos de Dios en forma voluntaria, podían anticipar el dulce fruto de la progresiva santificación (santidad) y de la plenitud de la vida eterna (cf. Jn. 10:10; 17:3).
La vida eterna es el inmediato y final producto de la santificación progresiva.
6:23
Pablo trae estos pensamientos sobre este tema como un resumen de conclusión en este versículo.
El principio establecido aquí se aplica a toda la gente, creyentes o incrédulos.
Contrasta a los dos amos: pecado y Dios, con los resultados: muerte y vida eterna.
Pablo también distingue los significados por los cuales la muerte y la vida llegan a la gente.
La muerte es la paga que la persona gana por su propio trabajo, pero la vida eterna es un regalo gratis para aquellos que confían en el trabajo de Otro.
Las pagas por lo general mantienen la vida, pero estas pagas resultan en muerte.
Los empleadores generalmente pagan en forma regular o periódica en vez de en una sola vez.
La muerte también llega al pecador regular y periódicamente durante la vida del pecador, no solamente cuando éste muere.
Por otra parte, las pagas son correctas.
“El hombre tiene derechos solamente en relación con el pecado,y estos derechos se vuelven su juicio. Cuando él se abandona en Dios sin ningún reclamo, la salvación viene a él”.
Los versículos 15-23 enseñan la verdad por la vía de los contrastes.
La obediencia al pecado produce falta de fruto, vergüenza y muerte.
La obediencia a la justicia resulta en santificación progresiva y en el cumplimiento de la vida eterna.
En el capítulo 6, Pablo describe tres pasos designados para promover la santificación
práctica.
Primero, debemos “saber” ciertos hechos acerca de nuestra unión con Cristo,
específicamente que el pecado ya no posee el poder dominante sobre el creyente que
tiene sobre el no creyente (vv. 3-10).
Segundo, debemos “creer” estos hechos para que sean nuestros personalmente (v. 11).
Tercero, debemos “presentarnos” a Dios en dedicación como sus esclavos para llevar a cabo justicia (vv. 12-19). Cada uno de estos verbos tiene la fuerza de un mandato activo.
Cada uno representa algo que cada creyente debe hacer.
Estas son nuestras responsabilidades básicas en la santificación progresiva en relación con nuestra relación con el pecado
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