ECO 2 - Homologeo -Hablar lo que Él habla.
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Detalles
Introducción y Oración EDUARDO VANNONI comenzó la sesión dando gracias a Dios por la vida, la salud y la lluvia, reconociendo el poder de la naturaleza, pero enfatizando que Dios es aún más poderoso. Solicitó la concentración de todos en la Palabra de Dios durante el tiempo de la reunión, pidiendo que activaran el "oído espiritual" para escuchar lo que Dios tiene para decir, todo para Su gloria. Eduardo Vannoni declaró que el objetivo de la enseñanza es meditar sobre ser un "eco de Dios", es decir, vivir por la palabra de Dios que llega al corazón, lo cual considera un milagro.
El Eco de Dios: Escuchar, Confesar y Obedecer EDUARDO VANNONI explicó que la palabra de Dios, aunque la misma para todos, será reproducida de manera distinta por cada individuo, como un eco con propiedades diferentes. Señaló que la secuencia del eco de Dios es Escuchar, Confesar (homologar lo que Dios dice) y Obedecer, e indicó que la obediencia no requiere esfuerzo cuando la palabra es escuchada y hablada. El tema principal de la mañana fue "conocer el estado de nuestro oído", comparando el diagnóstico del oído espiritual con una audiometría.
Funcionamiento del Oído Espiritual y la Invitación de Jesús EDUARDO VANNONI describió que el oído espiritual, que es el nuevo corazón donde mora el Espíritu Santo, decodifica y ayuda a entender la palabra de Dios. El entendimiento lleva a la obediencia y luego a la homologación, que es hablar lo que Dios habla, y que va más allá de solo repetir palabras bíblicas. Eduardo Vannoni citó a Jesús diciendo: "El que tiene oídos para oír, oiga", y enfatizó que el mensaje proviene de "lo que el Espíritu dice a las iglesias" en Apocalipsis, siendo el Espíritu Santo quien habla al oído espiritual.
La Palabra como Gracia y la Resistencia Humana EDUARDO VANNONI propuso que escuchar a Dios es un regalo y una gracia, no un esfuerzo humano, ya que es el Espíritu Santo quien despierta el oído. Destacó que el escuchar la palabra debe llevar a la paz y el descanso, permitiendo que el espíritu moldee la palabra en el corazón. El motivo de la introducción fue contrastar la tendencia humana a enfocarse en el esfuerzo con la gracia de Dios, preparando a la audiencia para analizar el diagnóstico de Jesús sobre los estados auditivos.
Diagnóstico de Jesús a través de la Parábola del Sembrador EDUARDO VANNONI afirmó que Jesús confrontaba la falta de fruto en las multitudes que oían pero no escuchaban, y que Su parábola de Mateo 13 explica por qué Su predicación no produce fruto en todos. El fracaso no es del predicador, sino que Jesús ofrece un diagnóstico del corazón del creyente y su respuesta. Eduardo Vannoni subrayó la importancia de esta parábola, citando a Jesús en Marcos que establece que sin entender esta, no se pueden entender las demás.
Los Misterios del Reino y la Dureza del Corazón EDUARDO VANNONI relató la parábola del sembrador donde la semilla cae en diferentes tipos de tierra: camino, pedregales, espinos y buena tierra. Al explicar por qué habla en parábolas, Jesús reveló a los discípulos que a ellos les es dado conocer los misterios del reino, mientras que otros "oyendo no oyen ni entienden". El expositor citó a Isaías para explicar que el corazón del pueblo se ha engrosado, lo que causa que oigan pesadamente y no entiendan, señalando al corazón como el elemento central para la audición de la Palabra de Dios.
El Corazón Duro (Junto al Camino) EDUARDO VANNONI analizó el primer diagnóstico, el del corazón duro, donde la semilla cae "junto al camino", no penetra y representa la indiferencia. Este corazón duro, pisado por enseñanzas pasadas o trauma, no procesa la palabra de Dios. Eduardo Vannoni enfatizó que el enemigo roba lo que nunca se valoró o protegió, y que el primer milagro del Espíritu Santo es ablandar este terreno, no informar.
El Oído Selectivo (Pedregales) EDUARDO VANNONI describió el segundo diagnóstico, el de la semilla en pedregales, donde el oído actúa como un filtro. La palabra es recibida con gozo, pero solo se selecciona lo que confirma lo que ya se cree, un corazón que busca sentirse bien en lugar de ser confrontado. La falta de raíz en este corazón significa que la emoción no sostiene la fe y que al venir la aflicción, la persona tropieza.
El Corazón Distraído (Espinos) EDUARDO VANNONI examinó el tercer diagnóstico, la semilla que cae entre espinos, representando un corazón distraído o con interferencia. Las espinas, que simbolizan el mundo caído, significan que el afán y el engaño de las riquezas ahogan la palabra, haciendo que sea infructuosa. El corazón está saturado de mundo, y el expositor notó que la distracción puede ser una forma de idolatría, impidiendo que la palabra haga raíz.
El Corazón Obediente (Buena Tierra) EDUARDO VANNONI presentó el cuarto diagnóstico, la buena tierra, que es el corazón obediente que oye y entiende la palabra del reino. Este corazón se rinde, no busca controlar ni acumular, sino obedecer, aprendiendo en el descanso. La obediencia abre el oído a la próxima palabra de Dios, creando una sinergia donde la rendición a la palabra recibida permite recibir otra.
El Oído del Espíritu y la Revelación EDUARDO VANNONI añadió un quinto "terreno" para profundizar: el "oído del corazón" o "oído del espíritu", que forma la capacidad de oír lo que no es audible. Explicó que los misterios del reino solo son revelados a los que escuchan con el corazón, ya que el Espíritu revela, no informa, diferenciando esto de la información compartida por maestros. Señaló que el Espíritu Santo aún no se había derramado cuando Jesús dio la parábola, pero destacó que el milagro de un pecador que escucha la voz de Dios es vida, comparado con las sanidades físicas.
Obediencia y Conclusión de la Parábola EDUARDO VANNONI explicó que la obediencia en el ámbito espiritual ocurre a menudo antes de entender, y que al obedecer, la comprensión llega después. Aunque la obediencia no elimina las luchas, proporciona más claridad. Finalizó afirmando que la parábola habla de una sola persona, ya que todos tienen momentos de dureza, pedregales y espinas en su corazón, y que Jesús no está condenando, sino interviniendo con esperanza. El escuchar es una obra del Espíritu, y no un esfuerzo humano, transformando la parábola de una condena a una de esperanza.
Oración Final por Rendición y Atención EDUARDO VANNONI concluyó con una oración, pidiendo a Dios que Él sea quien destape Sus oídos, que el Espíritu Santo sea el oído y la tierra. Pidió la valentía para menguar y que Dios crezca y dé fruto en ellos. El orador pidió ayuda para silenciar el ruido de fin de año y estar atentos a cómo Dios quiere hablar.
Preparación del Terreno y la Gloria de Dios Juan Sosa reflexionó sobre la explicación de Eduardo Vannoni acerca del terreno, reconociendo que había estado haciendo mal al intentar preparar el terreno por sí mismo. El aprendió que la preparación debe ser pedida al Señor para evitar que la semilla dé fruto cargado con sus propias intenciones, y para asegurar que la gloria se la lleve Dios. Eduardo Vannoni comparó esto con el Salmo de David, donde él pide a Dios que le muestre los pecados ocultos, entendiendo que hay aspectos del terreno (o del corazón) que están más allá de sus propias capacidades para ablandar o limpiar.
Escuchar la Palabra y la Obra del Espíritu Laura Dening y Juan Sosa discutieron sobre cómo la palabra de Dios cae en terrenos no preparados, y que el trabajo de recordar y la obra misma pertenece al Espíritu Santo. Eduardo Vannoni enfatizó que lo importante no es cuánto se escucha, sino cómo se escucha, sugiriendo la existencia de un "segundo oído" que va más allá de la mente y lo que ya se sabe, y al cual se debe dar lugar para rendirse a la voluntad de Dios. Este segundo oído es una segunda instancia de oír, donde uno pregunta a Dios qué está diciendo, a diferencia del primer oído que procesa la información superficialmente.
La Parábola del Sembrador y el Oído Interior Eduardo Vannoni señaló que Jesús usó parábolas para que las personas tuvieran que ir más allá de la comprensión natural y usar esta "segunda instancia" de escuchar, rindiendo todo para entender lo que se dice detrás de las palabras. Él mencionó que si no se entiende esta parábola, no se entenderán las demás, y que esta revelación está velada a los sentidos naturales, siendo el Espíritu Santo quien la muestra. Laura Dening complementó esto hablando del "oído interior" del corazón, donde la palabra se implanta y transforma la vida.
Postura de Descanso y Rendición Eduardo Vannoni citó a Habacuc, quien después de expresar sus quejas, se dispuso a sentarse y esperar la palabra de Dios "en sí mismo" como una postura de descanso y contemplación. El sugirió que el mayor trabajo es rendirse a escuchar, lo que requiere acallar el ruido y las preocupaciones que compiten con la palabra. Laura Dening agregó que esta rendición debe ser diaria, especialmente en medio de la vida ajetreada.
Despertar el Oído y la Fe por el Oír a Cristo Eduardo Vannoni citó Salmos 40:6, donde se menciona que Dios ha abierto los oídos, y también Isaías 50:4, donde se dice que Dios despierta el oído mañana tras mañana para oír como los sabios, sugiriendo que la dificultad no es "hacer", sino "no hacer". Laura Dening enfatizó que la fe es por el oír a Cristo, no solo por leer las escrituras, y que es necesario presentarse ante Dios con disciplina para que despierte el oído. Se mencionó la práctica de los menonitas en sus "convenciones", que incluye sentarse en silencio hasta que alguien tiene algo de Dios para hablar, lo que contrasta con la prohibición del silencio en las iglesias evangélicas.
Escuchar la Voz del Espíritu y el Proceso de Aprendizaje Laura Dening compartió una anécdota de un pastor cuya secretaria enseñó a niños a orar y oír al Espíritu Santo, demostrando que incluso los niños pueden escuchar la voz de Dios. Ella y Eduardo Vannoni discutieron la dificultad de discernir si Dios ha hablado, con Eduardo Vannoni reconociendo que a veces confundió la emoción o algo que leyó con lo que Dios le dijo. Laura Dening aclaró que esto es parte del proceso de aprendizaje y que la iglesia tiene la tarea de ayudar a los hermanos a escuchar la voz del Espíritu, diferenciándolo de la manipulación de la palabra.
Distracción y el Propósito Divino Noelia Anabel Paez compartió su experiencia personal de sentirse alejada del Señor debido a la distracción, a pesar de seguir buscándole, y reconoció que la palabra compartida le mostró con claridad lo que le estaba pasando. Posteriormente, Noelia Anabel Paez preguntó sobre la frase de Eduardo Vannoni de que la consagración no es una elección personal, sino un designio divino.
Consagración y Elección Divina Eduardo Vannoni explicó la relación entre la elección divina y la elección personal usando la analogía de un novelista que escribe el principio y el final de un personaje, aunque este tenga elecciones dentro de la novela. Aplicando esto a la vida de Noelia Anabel Paez, el explicó que el propósito de Dios se cumplirá en ella a pesar de las distracciones, ya que ella es una elegida. Citó ejemplos como el de Sansón, cuya consagración fue un designio divino, y el de Pablo, elegido desde el vientre de su madre, concluyendo que aunque el creyente se distraiga, siempre volverá sin un estado menor de hijo.
Culpa, Disfrute y Ausencia de Condenación Eduardo Vannoni advirtió contra la culpa y la condenación en la vida del creyente, incluyendo en el disfrute de cosas seculares como mirar películas. El afirmó que la culpa no viene de Dios, sino del acusador, y que si uno siente culpa por no estar leyendo la Biblia, esa voz no es del Espíritu Santo. El sugirió que el enemigo puede usar cosas buenas, como leer la Biblia, para torturar a los creyentes a través de la culpa.
Dios en las Actividades Diarias Eduardo Vannoni enfatizó que el creyente debe identificar la culpa y la condenación para no rendirse a ellas, incluso en actividades religiosas. El recordó que todo está permitido aunque no todo convenga, y que no hay condenación en Cristo Jesús. Juan Sosa y Eduardo Vannoni coincidieron en que Dios se deleita con el gozo saludable de sus hijos, y que la presencia de Dios está con ellos en sus actividades diarias, incluso viendo una película. Se recordó que la religiosidad que condena estas actividades proviene del enemigo, no de Dios.
Oración y Despedida Eduardo Laura Dening hizo una oración final, agradeciendo la palabra, pidiendo ayuda para destapar los oídos para escuchar a Dios, y por la comprensión de quiénes son en Cristo, para
POR QUÉ EL ESPÍRITU ES EL ÚNICO QUE ABRE EL OÍDO DEL CORAZÓN
“El Espíritu… les enseñará.” (Juan 14:26)No es información: es iluminación.
“Quitará el corazón de piedra.” (Ez. 36)No es sensibilidad emocional: es sensibilidad espiritual.
“El que quiera hacer su voluntad, conocerá.” (Jn 7:17)Obedecer abre más oído.Desobedecer lo apaga.
“La palabra de Cristo habite en abundancia.” (Col. 3:16)La fe viene por el oír…y el oír viene por exponerse continuamente a Cristo.
- dureza,
- superficialidad,
- competencia de prioridades,
- falta de fruto… No te culpes. No te justifiques. Pedí oídos nuevos. El cambio no empieza por “hacer más”, sino por decir “Señor, ojalá escuchara… haceme capaz de escuchar.” Esa es la oración más humilde —y más poderosa— que un creyente puede hacer. 6. Cierre Hay una razón por la que Jesús terminaba siempre igual: “El que tenga oídos para oír… oiga.” No era mandato. Era misericordia. Jesús no te pide lo que vos no tenés. Te ofrece lo que solo Él puede dar. El reino no entra por la fuerza, entra por el oído. Y el oído… entra por el Espíritu.
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