Durante el duro proceso de despedir a nuestra perrita, mi esposa me hizo acordar de la frase "La insoportable levedad del ser"... peli que vimos cuando éramos novios, basada en un libro de Milan Kundera del mismo nombre...esta frase apareció con peso —y eso ya es una ironía...
Pensé en La insoportable levedad del ser. En la película. En el libro de Kundera. Y en esa intuición moderna tan seductora como peligrosa: que si la vida ocurre una sola vez, sin retorno ni repetición, entonces nada termina de pesar/tener valor del todo.
A primera vista suena liberador.
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Sin compromisos.
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Sin correcciones.
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Sin juicio final.
Pero cuanto más lo pienso, más clara se vuelve la paradoja: la levedad no libera, desorienta/desordena/inquieta por lo menos a mí.
Kundera parte de una premisa lógica:
- si no hay repetición, no hay comparación;
- si no hay comparación, no hay medida;
- si no hay medida, no hay peso.
- Todo flota.
- Todo es provisional.
- Todo es liviano.
El problema es que el alma humana no fue diseñada para flotar.
La Escritura conoce de este tema y en la persona de
Salomón aborda esta sensación.
También observa la vida “debajo del sol” y llega a un diagnóstico inquietantemente parecido:
“Vanidad de vanidades… todo es vanidad.”
La diferencia no está en el diagnóstico, sino en
El-Horizonte.
Kundera mira una vida sin trascendencia y concluye:
entonces nada importa del todo.
Eclesiastés mira la misma fragilidad y concluye lo opuesto:
precisamente por eso, todo importa.
La Biblia no niega la levedad de lo humano. La redefine.
Dice que
- La vida es vapor, sí, pero no vacío.
- Es breve, pero no insignificante.
- Es frágil, pero observada.
- Cada acto ocurre ante Dios.
- Cada decisión tiene densidad eterna.
Acá aparece una palabra que nunca pude ubicar del todo en la realidad, porque no encontraba en lo cotidiano una aplicación... hasta ahora...
En hebreo, kavod.
Literalmente: peso.
La gloria no es brillo etéreo ni mística liviana.
- Es sustancia.
- Es densidad.
- Es aquello que no se evapora.
Por eso
Pablo puede decir algo que, leído rápido, parece absurdo:
“Esta leve tribulación momentánea
produce en nosotros
un cada vez más excelente y eterno peso de gloria.”
No niega el dolor.
Niega que el dolor sea el peso final. Nuestra cultura —y Kundera la refleja con honestidad— confundió peso con opresión.
Cree que
- comprometerse es perder libertad,
- que la permanencia ahoga,
- que lo liviano protege del sufrimiento.
Pero la experiencia contradice la teoría: lo liviano no duele menos,
SOLO DUELE SIN SENTIDO.
Jesús no vino a quitarnos el peso de vivir.
Vino a reordenarlo y darnos La-Vida esa que abunda de tal manera que es eterna...
“Mi yugo es fácil y ligera mi carga.”
El problema nunca fue cargar algo, porque siempre lo hacemos.
El problema era/es/será cargar solos (la levedad/sinsentido/vanidad del ser)
y sin gloria (sin sentido/vanidad del ser/sin propósito/sin peso) no sin un pe$o eso es otra cosa jajajja
Pero esa liviandad del sentido de la vida ahora tiene El-Peso/Significado/Propósito que da sentido al ser, porque ahora hay, peso, sentido, propósito... y tiene un rostro.
La levedad anestesia la existencia con actividad y distracción, pero es incapaz de sostener La-Vida.
La levedad promete alivio inmediato, hace "sostenible" la existencia pero, no puede sostener La-Vida.
El peso de gloria, en cambio, no aplasta:
afirma.
Tal vez lo insoportable no sea la levedad del ser, sino descubrir demasiado tarde que una vida sin peso no tendrá futuro eterno.
Y quizá
El-Evangelio no sea otra cosa que esta noticia incómoda y hermosa a la vez:
que nada de lo vivido en Cristo fue/es/será liviano,
que nada fue/es/será en vano,
y que incluso lo que hoy parece vapor/vanidad/liviano
está siendo trabajado en un peso de gloria
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que ya fue revelado,
-
que cargó una cruz,
- que resucitó,
- que llama,
-
y nos llama por nombre.
…porque el peso de gloria no es algo que llegará:
es Alguien que vino.
expresado excelentemente! gracias por compartirlo
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