Vitrina
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Cuando no encajamos en ningún requisito
Estoy en una etapa de decisiones y cambios drásticos.
Mudanza.
Búsqueda de trabajo.
Reconfiguración total.
Y hay una sensación difícil de explicar.
Todo lo que fui.
Todo lo que proyecté ser.
Hoy parece no tener mercado.
Es como si me hubiera especializado en teléfonos a disco.
O me hubiera hecho técnico en videocaseteras VHS.
Capacitado. Preparado. Formado.
Pero para un mundo que ya no existe.
Y cuando uno entra a LinkedIn, la vitrina es clara:
Se busca experiencia comprobable.
Se buscan métricas.
Se busca trayectoria alineada.
Se busca encaje.
Y uno se mira…
y no encaja.
No por incapacidad.
Sino porque el escenario cambió.
Pero este escrito no se trata de mi... aunque desperto algo ...
Y en ese lugar incómodo me hice una pregunta extraña:
¿Cuándo dejó Jesús de ser carpintero?
¿Y qué pasó cuando decidió dedicarse a algo para lo cual no tenía acreditación formal?
La “bolsa de trabajo” de Jerusalén
Si Jerusalén hubiera tenido LinkedIn, el perfil de “Maestro espiritual” ya estaba ocupado.
Requisitos implícitos:
Formación rabínica formal.
Aval de una escuela reconocida.
Linaje validado.
Contactos en el Sanedrín.
Trayectoria comprobable en interpretación de la Ley.
Y aparece alguien de Nazaret.
Sin credenciales oficiales.
Sin padrinazgo institucional.
Sin aval académico.
Jesús de Nazaret no encajaba en los filtros.
No cumplía el perfil.
El punto incómodo
Nosotros solemos pensar que el problema es no encajar.
Pero a veces el problema es intentar encajar en vitrinas diseñadas para otra lógica.
La vitrina pregunta:
“¿Qué certifica tu valor?”
El-Reino pregunta:
“¿Quién define tu identidad?”
Jesús no comenzó su ministerio con validación externa.
Comenzó con una afirmación interna:
“Este es mi Hijo amado…”
Antes de resultados.
Antes de seguidores.
Antes de impacto visible.
Identidad antes que vitrina.
La trampa de la vitrina
La vitrina no es mala.
Pero tiene una lógica específica: visibilidad, comparación, competencia.
El problema comienza cuando dejamos que esa lógica defina nuestra identidad.
La vitrina pregunta:
“¿Qué lograste?”
El Reino pregunta:
“¿Quién eres?”
La vitrina mide resultados inmediatos.
El Padre afirma identidad antes de cualquier resultado visible.
Antes de milagros.
Antes de discípulos.
Antes de impacto público.
Primero identidad.
El momento de ruptura
Jesús pasó aproximadamente treinta años en anonimato.
Treinta.
Sin ministerio público.
Sin seguidores.
Sin métricas.
Desde la lógica de la vitrina, fue un desperdicio de potencial.
Desde la lógica del Reino, fue formación invisible.
Cuando dejó la carpintería, no tenía aval institucional.
Pero tenía claridad de misión.
No encajaba.
Y aun así avanzó.
El riesgo que nosotros corremos
Cuando no encajamos en la vitrina, solemos concluir dos cosas:
-
No soy suficiente.
-
Perdí el tiempo.
Pero puede haber una tercera opción:
-
Estoy en transición.
El mercado cambia.
Las tecnologías cambian.
Las demandas cambian.
Si construimos nuestra identidad exclusivamente sobre lo que el mercado valida, cada cambio nos destruye.
Esto no es romanticismo
No se trata de despreciar el trabajo.
No se trata de espiritualizar la precariedad.
No se trata de ignorar la necesidad económica.
Buscar trabajo es real.
Pagar cuentas es real.
Reinventarse es necesario.
Pero hacerlo desde desesperación identitaria es peligroso.
Porque cuando creemos que no valemos nada, negociamos cualquier cosa.
La pregunta correcta
Tal vez la pregunta no es:
“¿Dónde encajo?”
Tal vez la pregunta es:
“¿Qué parte de mí sigue vigente aunque el mercado cambie?”
Jesús no abandonó la carpintería porque fracasó.
La dejó cuando su misión se reveló.
No se movió por presión externa.
Se movió por convicción interna.
Nosotros y la vitrina
Nosotros también estamos frente a vitrinas.
Algunas nos rechazan.
Otras nos ignoran.
Algunas nos dicen que estamos desactualizados.
Pero ninguna vitrina tiene autoridad final sobre nuestra identidad.
Podemos actualizar habilidades.
Podemos aprender cosas nuevas.
Podemos traducir nuestra experiencia a otro idioma profesional.
Pero no podemos permitir que un algoritmo determine nuestro valor.
Cierre lógico
Si la vitrina define el valor, entonces el valor cambia cada vez que cambia el mercado.
Pero si la identidad precede al desempeño, entonces el desempeño puede cambiar sin destruirnos.
Jesús no encajó en Jerusalén.
Y aun así transformó la historia.
Tal vez no encajamos porque estamos intentando caber en vitrinas diseñadas para otra lógica.
Y tal vez esta etapa no es una descalificación…
sino una redefinición.
Así que nada.
Cierro esta pausa escritural.
Tomo aire.
Y a seguir
Capaz todo esto fue una vuelta larga para decir que estoy en transición.
Que no encajo.
O que todavía no sé dónde encajo.
Pero mañana hay que levantarse igual.
Hay que seguir buscando.
Hay que seguir haciendo cajas
Tirando cosas acumuladas sin sentido
Hay que intentar.
Y mientras actualizo el CV, aprendo algo nuevo o golpeo alguna puerta…
me aferro a algo más antiguo que cualquier algoritmo:
“En tu mano están mis tiempos.”
(Salmo 31:15)
Así que nada.
Tambien dejo esto escrito como testionio para mi mismo.. y cuando lo lea en algun tiempo... recuerde donde estaba y como Dios (otra vez) me sacó adelante...
A seguir.
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